UN JABALÍ POR LOS TEJADOS

 

 

El pasado sábado 30 de octubre un jabalí se adentró en nuestro pueblo seguido de su cría, un rayón. Al parecer, el jabalí y su cría estaban en uno de los caminos que comunica con el pueblo. Un coche los avistó y al hacer sonar su claxon los animales, jabalí y cría, corrieron hacia el pueblo. El conductor del coche, al ver que los jabalís se dirigían al pueblo corrió tras ellos para avisar del peligro a la gente del pueblo (un jabalí de la envergadura de este puede herir muy gravemente a una persona que se encuentre a su paso).

 

Al llegar al pueblo por la calleja, el rayón y su madre se separaron. La madre, de 85 kilos de peso, subió por la carretera de pascualcobo y al llegar a las proximidades del cruce con el camino de la Ermita avistó otro coche, se asustó y se dirigió hacia una tapia de pequeña altura que hay cerca de la carretera (frente a la casa de Eulogio).

 

El jabalí saltó la tapia y después de correr por varios tejados, cayó en un corral.

 

Toda la operación la avistó Domingo, el propietario del corral donde caería el jabalí, así que corrió hasta su casa para comprobar si el jabalí se había colado en su corral o en otro. Efectivamente, el jabalí estaba apostado en el corral de Domingo (no Domingo el del bar, el otro), de modo que rápidamente salió del corral y avisó del peligro.

 

Varios cazadores de nuestro pueblo (de esos a quienes niegan hoy el derecho del ejercicio de caza) acudieron para matar al animal. La operación no era nada sencilla. El jabalí se había ubicado en una zona oscura y entrar en el corral era peligroso (podía encararse a quien viera dentro).

 

Finalmente y tras descartar abrir un hueco por el tejado para matarlo desde arriba (en los pueblos los tejados están muy caros), abrieron la puerta trasera del corral, le iluminaron con una linterna y Mateo, uno de los cazadores del coto, dio muerte al animal de un certero disparo.

 

 

Después del mortal disparo, llegó la hora de pelarlo, destriparlo y guardar la carne en el congelador para comerla todos los cazadores del coto “en esta nuestra comunidad”.

 

 

El ejercicio de la caza, hoy convertido en deporte, nació de la necesidad de comer, pero también de matar aquellos animales peligrosos para el hombre. Hoy nuestro pueblo no se cultiva como antes y los jabalís encuentran en el monte bajo un buen refugio. Los lobos han aparecido recientemente, desplazados de su ecosistema con motivo del incendio del pasado verano en la Sierra de Barco de Ávila. Quizás hoy la caza en San Miguel de Serrezuela no sea tan deportiva como pensamos.

 

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